Fragmentos de adolescencia

Ayer veía un reportaje en La 2 sobre “Neuromarketing” y se hablaba de la importancia de las emociones en los recuerdos. Todos lo sabemos, todos tenemos recuerdos teñidos del color de una emoción que parecen imborrables a pesar del paso del tiempo.

En 1972 yo era un adolescente. No ví el Ultimo Tango en Paris entonces, pero si oí hablar de la película. Además de la carga erótica que podía tener para cualquier jóven de la época, María Schneider es para mi el recuerdo de una ilusión adolescente que no fué. Estuve a punto de conocerla.Iba a venir a España a rodar con BuñuelEse Obscuro objeto del deseo“.

Mi adolescencia tuvo cosas que siempre añoraré. El rodaje de una película podia ser algo muy cercano, era parte del trabajo de mis padres. Yo lo  vivia como algo normal. Bueno, normal hasta cierto punto. Pensar en la posibilidad de acompañar a dar un paseo a caballo a María Schneider (ese era el plan con el que yo fantaseaba) de la que estaba enamorado platónicamente, de sus rizos y de su cara de niña traviesa, iba a ser un sueño… y una historia para contar mil veces.

Al final no pudo ser. No hubo química entre Buñuel y la Schneider. Y ella se marchó por donde había venido.

El otro día me entere de su muerte, esta noche he soñado con mis padres.

Los médicos tratamos a menudo con la muerte, acompañamos a las familias en sus duelos. Y aprendemos a acompañar y a ayudar a  los otros ,pero  nos olvidamos  de como hacerlo con nosotros mismos. Y hay cosas que nos recuerdan que también nuestros duelos los hemos de elaborar. Somos tan humanos y sabemos tan poco de la vida y de la muerte como cualquiera.

La vida son recuerdos y emociones y  algunos se mueren para siempre si no se comparten. Al final, conté lo del paseo. El paseo que no fué.

 

Feliz paseo al planeta de los actores que se han ido, Maria Schneider.


3 thoughts on “Fragmentos de adolescencia

  1. Me encanta tu humildad, sabe a sabiduría ….
    Lo que no se comparte muere sin remedio, tal vez y, solo tal vez, la Vida es más de lo que imaginamos y, compartir la “alarga” hasta extremos insondables.
    ¡Buen domingo doctor!

  2. Recordamos con más facilidad lo que está unido a una emoción fuerte, sea positiva o negativa. ¿Por qué recuerdo yo tanto a mi abuelo, pastor analfabeto y sin duda un sabio? Por los momentos de felicidad que pasaba a su lado en los veranos por La Mancha. Si no, quizá le recordaría sólo de vez en cuando, con cariño, pero sin la fuerza que dan las emociones. Salu2.0

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